Entrando a ese pueblo oscuro, sólo destacaba la enorme casona construida sobre el lago, toda de mármol jaspeado. La mujer iba acompañada de un hombre alto, moreno con luengos cabellos que se dispersaban con el aire de la noche, su delgadez asustaba a cualquiera, menos a la mujer a la que seguía. Su mirada oscura como la noche y profunda como el lago sobre el que reposaba el palacete, hacia temblar a todos pues demostraba grande ternura y gentileza pero podían tornarse totalmente diabólicos cuando absorbía los sentimientos de sus víctimas.
Ella era alta y un poco delgada, las maldades mundanas tenían un poco deteriorado su cuerpo, y sin embargo era hermosa, sus capacidades habían sido siempre infinitamente perversas, su cabello rizado, de un rojo fuego apasionante siempre para quien no la conocía, aunque era corto: (tenía miedo a crecer, la única debilidad que se había permitido esta mujer en su vida).
Lo más cruel era su mirada azul, azul de cielo y nube, de frutas podridas y arena, azul de sangre, azul del alma, azul de miedo y de fuego. Azul dos siglos más vieja que el negro de la mirada de su acompañante
Juntos caminaron por la senda de lodo y espinas, cubierta de zarzas y gusanos, escogieron la peor, pues los conduciría a través del bosque hasta llegar al lago. Él intento detenerla al borde de la entrada, podían enmendar, ella no escuchó, miraba aquella puerta hecha de madera, tallado barroco hecho por siglos de esclavitud y adornada con heridas palpitantes aun.
Al entrar encontraros siete estancia continuas, abiertas por la mano ardiente de la mujer que buscaba respuestas, cada una más oscura y baja que la anterior, desde el blanco mas horrible y escandaloso hasta la oscuridad más absoluta y perturbadora. En todas ellas una mesa al centro con muchos alimentos exquisitos apeteciblemente putrefactos, paredes apolilladas con gran cantidad de retratos de una sola mujer, en distintas etapas de su maldita vida, en muchas terribles actividades.
Al paso de cada cámara sentían hundirse más en la tierra, la sofocación los hacía sentirse mejor a cada minuto, desear la muerte de todo lo que los rodeaba. Pero llegaron a la última sala sin contratiempos, había, como en las otras, una mesa al centro llena de manjares, aunque más grande y también había muchos más retratos.
A la cabecera estaba una anciana, piel de cartón y hueso, ojos de perro, de diablo, sonrisa de muerte y destrozo. Los recibió a ambos y dijo:
-Bienvenida Gélida a esta tu casa, reino y territorio, quiera el Oscuro Amo que reines muchos siglos más, asómate a aquella ventana y verás tus obras, verás la tierra en día oscuro, destruida por tus propias manos, inundándose por la lluvia que no deseaste menguar hace tanto. Verás que no hay seres vivos, salvo aquel mísero ruiseñor que deseaste viviera. Ve, admira y vuelve a mis brazos, toma mi lugar, al cual nunca debiste faltar y si lo deseas trae a ese mozo contigo.
La mujer admiró a través de la ventana: por primera vez en muchas eras se sintió feliz, contento con ese fuego que abrasaba su mirada como cada vez que había controlado a la Naturaleza y la voluntad humana. Miró, tomó su lugar, invitó a su acompañante a sentarse.
Y ambos reinaron en ese mundo maldito, satisfaciendo sus deseos y apetitos infinitamente, contentándose con acabar esa tierra infértil y destruyendo las voluntades de todo aquel que pisaba ese terreno, de cada esclavo que caía en sus manos, al que comían sus sentimientos, su voluntad, su piel, sus ojos. Y ambos fueron felices en su desdicha…
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__________*########.
_________*#########. solo pasaba
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________*#########*### a saludarte,
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_____*###########_____* cuidate mucho
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_________________.######## BYE ¡!
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